La inteligencia artificial (IA) está revolucionando múltiples sectores, y el ámbito legal no es una excepción. Gracias a herramientas impulsadas por modelos de lenguaje avanzado, como ChatGPT o Deepseek, los abogados pueden redactar contratos y analizar grandes volúmenes de información en cuestión de minutos. Estas tecnologías no solo optimizan el trabajo jurídico, sino que también pueden otorgar una ventaja estratégica en los tribunales. Este panorama plantea una pregunta intrigante: ¿llegaremos a ver “abogados robot” gestionando nuestros asuntos legales en un futuro cercano?
Herramientas avanzadas y su impacto en la práctica jurídica
La profesión legal ha utilizado durante años herramientas tecnológicas para identificar patrones relevantes, como estudios que muestran cómo las decisiones judiciales tienden a ser más indulgentes después de las pausas para almorzar. Sin embargo, las capacidades actuales de la IA van mucho más allá. Por ejemplo, empresas como Rhetoric están desarrollando sistemas que analizan opiniones judiciales y documentos legales públicos para identificar tendencias en las decisiones de jueces específicos. Según Luke Yingling, CEO de Rhetoric, esta información permite a los abogados adaptar sus argumentos al estilo y enfoque del juez asignado al caso, incrementando sus probabilidades de éxito hasta en un 20%.
Estas herramientas no solo ahorran tiempo, sino que también convierten el arte de la argumentación legal en una ciencia basada en datos. Yingling considera que esta capacidad para extraer conocimientos estratégicos marca una nueva frontera para la inteligencia artificial aplicada al derecho.

Ética y regulación en el uso de IA en el ámbito legal
La adopción de IA plantea desafíos éticos y regulatorios. Julian Nyarko, profesor de Derecho en Stanford, subraya que las normas éticas existentes ya prohíben a los abogados presentar información viciada o engañosa ante los tribunales. Esto incluye verificar la precisión de los datos proporcionados por modelos de lenguaje avanzado, conocidos por su tendencia a generar información incorrecta o “alucinada”. Además, en Estados Unidos varias asociaciones estatales de abogados están desarrollando directrices específicas para regular el uso de estas tecnologías.
A pesar del avance tecnológico, es importante destacar que estas herramientas aún requieren supervisión humana. Por ejemplo, DoNotPay, una empresa fundada por Joshua Browder, busca automatizar servicios legales básicos como impugnaciones de multas de estacionamiento. Sin embargo, enfrenta barreras legales significativas: solo personas colegiadas o con la correspondiente licencia pueden ejercer la abogacía. Browder argumenta que esta restricción no debería aplicarse a la IA porque no es una persona; sin embargo, los tribunales en Estados Unidos han rechazado esta interpretación.
¿Un futuro con abogados robot?
La idea de “abogados robot” completamente autónomos sigue siendo controversial e improbable en el corto plazo. Nyarko considera prematuro preocuparse por esta posibilidad cuando aún no se han definido claramente los límites del uso asistido por IA en el Derecho. Además, figuras como Daniel Scarr, director de producto en Rhetoric, señalan que estas tecnologías están transformando el arte persuasivo del derecho en un proceso más analítico y científico.
A pesar de lo anterior, esta evolución no es completamente nueva. Desde Aristóteles hasta hoy, la retórica ha sido objeto de estudio sistemático. La diferencia radica en cómo la disponibilidad masiva de datos está acelerando este proceso.

Reflexiones sobre el futuro del derecho
Aunque algunos predijeron que la IA reduciría la necesidad de abogados junior debido a la automatización de tareas rutinarias, esto aún no se ha materializado ampliamente. Sin embargo, líderes del sector reconocen que estos cambios son inevitables. En su informe anual de 2023 sobre el Poder Judicial Federal, el presidente del Tribunal Supremo de EE.UU., John Roberts, destacó cómo la IA puede ampliar el acceso a información clave tanto para abogados como para ciudadanos comunes.
En conclusión, aunque los jueces y abogados no serán reemplazados por máquinas a corto plazo, es innegable que las tecnologías basadas en IA están redefiniendo los límites y las dinámicas del ejercicio jurídico.